Las Cartas de Arturo parte de una historia real. El proyecto recupera una historia afectiva situada en los años de Montaña Rusa, y desde ese contexto construye una gráfica que funciona como puente entre el relato y la memoria de una época.
Una historia real
El punto de partida no fue una ficción inventada para la pieza, sino una historia que realmente sucedió. Por eso el proyecto necesitaba una identidad visual capaz de transmitir intimidad, recuerdo y una determinada sensibilidad generacional.
La referencia gráfica
La estética de Montaña Rusa y la cultura visual de aquellos años funcionaron como referencia. Tomé elementos propios de la gráfica de la época para construir un lenguaje reconocible, pero evitando convertir el proyecto en una simple reproducción nostálgica.
La propuesta
La dirección de arte trabaja composición, tipografía, ilustración y recursos editoriales para acompañar el relato. La gráfica busca que cada pieza parezca pertenecer al universo temporal de la historia y, a la vez, conserve una lectura contemporánea.
Resultado
Una propuesta editorial donde la historia personal, la memoria de una época y la gráfica dialogan entre sí. El diseño no funciona como decoración: ayuda a situar al lector en el tiempo y a reforzar el carácter real y afectivo del relato.